Sin clases y sin ganas

Elia tiene tres hijos, todos en etapa escolar y en primaria, para ser exactos. Un domingo por la mañana me llamó desesperada pidiendo una cita, pues quería saber qué hacer con ellos en estas vacaciones forzadas que tenían debido a la huelga magisterial. Al comienzo del año escolar fue El Niño Costero, ahora los chicos estaban sin clases otra vez.

Había pedido vacaciones adelantadas, me contó, y planeaba avanzar -en casa- las clases con ellos. Pero a excepción del menor de primer grado, el de tercero y la de sexto, ¡no querían hacer nada!

Obviamente no entendían que si no avanzaban podían perder el año. “Ay mamá, no va a pasar nada”, le decían y seguían patas arriba o enviciados con los juegos electrónicos o con su música; sobre todo la de sexto.

Elia los obligó a que lean una hora todos los días, a que hagan matemáticas, pero solo le funcionó un par de días. No sabía qué hacer.

Nos reunimos y planeamos una serie de estrategias: ¿Si reúne a sus hijos con otros en casa para que juntos hagan las tareas? ¿Y si cada uno invita a un compañero/a y los más grandes hacen de profesores de los más chicos?

Puso todo tipo de excusas: Mi casa es muy chica. ¿Y el parque? Hace frío. ¿En una iglesia? El padre no va a querer. Así, hasta que dimos con la solución: armar en la entrada de su casa una carpa pequeña que le prestaron y convertirla en un mini campamento escolar.

¡Para qué contarles más! Los chicos se apropiaron de la carpa, la convirtieron en su espacio para aprender. ¿Lo único malo? Se apropiaron tanto de ella, que la intervinieron, la dibujaron toda, ¡y era prestada!

A un adulto le puede costar entenderlo, pero para un niño una carpa es algo mágico. Si no tienes una, arma una estructura con cajas y conviértelas en un módulo espacial. Ni bien se cambia la forma o el lugar de aprender y se lo transforma en algo especial, los chicos también tienen otra actitud. Es increíble cómo pueden cambiar con algo tan aparentemente sencillo.

Elia ahora está doblemente feliz, pues sus hijos no solo avanzaron con sus tareas, sino que su prima -la que le prestó la carpa-, se la ha regalado. Todo bien.

Lucero Calderón

Educadora especializada en armonizar a niños y adolescentes que suelen sacarle canas verdes a sus profesores, dirige el centro psicopedagógico Tangram. Es además la consultora familiar del programa “Bien por Casa”, que transmite TV Perú.

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