Qarla Quispe, Heroína de Comas

Siendo niña, Qarla Quispe fue discriminada por el color de su piel. Jamás se dejó doblegar por el prejuicio. Más bien estudió arte, diseño, y reinventó el uso de las polleras… las ha convertido en prendas revolucionarias.

La pasión y la resistencia le vienen de casa. De Faustino y de Orfelina. Maestro y enfermera, formaron a esta artista que ha estilizado el uso de las faldas que distinguen a la mujer serrana. Warmichic, su marca, viste desde el 2010 a cientos de chicas que están haciendo puré uno de nuestros mayores complejos: ser considerados cholos. “Empolleradas y empoderadas”, ese es el lema de Qarla. Esta es su historia…

DNI

Nombre:
Carla Cinthia Quispe Huamaní.
Edad:
32 años.
Distrito:
Comas.
Estudios:
Artista especializada en grabado en la Escuela Nacional de Bellas Artes y diseñadora gráfica del Senati.
Cargo:
Propietaria y gerenta general de Warmichic.
Misión:
Dar a conocer –a través de mis polleras- la belleza de mi país.
¿Alguna vez la han hecho sentir mal por ser chola?

Sí.

¿Me puede contar?

Claro. Fue en el colegio, en primaria, los chicos de mi salón que tenían la piel más clara que la mía; también me molestaban por mis apellidos. Me hacían sentir mal, pero a la vez generaban en mí curiosidad: ¿Por qué me tratan así? ¿Por qué apellidarse Quispe tiene que ser malo?

¿Llegó a renegar de sus apellidos?

No. Quería entender por qué actuaban así. Las mamás de mis amigas les decían que se junten solo con las que de su mismo color de piel. Una vez incluso mi papá me llegó a decir: “Hija, no te cases con un blanco, o su familia te va a discriminar”. Yo decía: “Pero ¡por qué!”.

¿Por qué cree que somos tan tontos?

Los medios de comunicación influyen mucho: te hacen creer que tener piel mestiza es malo, que venir de provincia, usar trenzas, ojotas y pollera, es una tara. Aquí ¡eso no sirve para surgir! Aquí tienes que ser como todos los limeños.

Si fuese así, nadie querría comprar ni mucho menos usar las polleras urbanas que usted crea. ¿Ocurre así?

No. Es que esto es una rebelión… Inicialmente hice unos dibujos para un curso, y me gustó la idea de ponerlos sobre una pollera; y como me gustó tanto, ¡la comencé a usar! Y a las chicas (de la Escuela de Bellas Artes) también les gustó; y no solo los dibujos y la forma de la pollera, ¡sino el concepto! “¡Empolleremos Lima!”. “¡Usemos polleras para que a la mujer (de la sierra) no la discriminen!”. “Sal a la calle con una de estas, ¡y a ver si alguien te discrimina! Y si alguien lo hace, ¡qué le dirías tú!”… Así pasó, y la gente se comenzó a enamorar del concepto, de la forma, ¡de todo!

Les dio una prenda con un mensaje poderoso a las mujeres rebeldes de la ciudad.

Descubrí que había una necesidad, que había un público que las necesitaba. Yo siento que ese es mi público objetivo: esas mujeres que vienen a mi tienda con esa actitud tremenda, decididas a usar estas polleras; y que luego me escriben: “Qarla, ¡todo el mundo me ha comentado sobre mi falda!”. Yo les digo que no es la pollera, es la actitud con la que ellas las visten. Claro que también hay chicas que vienen, se las prueban y dicen: “Ay, pero me veo gorda”. “Bueno, ese es el estilo”. Claro, porque te ensanchan las caderas. La idea es que se las prueben, que vean si les gustan y a partir de eso se sientan empoderadas. A muchas les ocurre. Es loco (ríe)…

Hay que tener personalidad para usarlas.

También.

Y hay que tener actitud para hacerlas y dedicarse a esto. ¿Cómo explica que los agravios que recibió de niña no la hayan tumbado?

Ha sido la reflexión, cómo tomé eso que me pasó… Yo soy de las personas que le sacan el lado positivo a todo lo que le ocurra. ¿Qué aprendí de la discriminación? A entender a las personas. ¿Qué tan malo podía ser tener otro color de piel? Malo es robar, malo es matar, malo es hacerle daño a otra persona… Fue una pregunta que demoré mucho en responder, y que tiene que ver con todos estos prejuicios que arrastramos por generaciones y que son reforzados por los medios de comunicación. Pero yo creo que mi generación está cambiando con todo eso.

“Lo que me mueve a mí, es que aún falta dar a conocer muchas más cosas de nuestro país”

En un principio hizo sus faldas con carteles de fiestas chicha, con costales de papa. ¿Por qué?

Porque no tenía dinero (ríe)… De las cinco prendas que presenté en mi curso, solo una fue de tela.

Desde chica, con la ropa que ya no usaban sus familiares, usted se hacía sus faldas y blusas.

Sí. Yo creo mucho en el reciclaje, es por eso que no sigo tendencias. Yo me pongo algo porque me gusta, porque me siento bien, y mis prendas también van por ese camino. Mis colecciones, más bien, son inspirabas en una provincia, en un lugar.

Fue en un viaje al Valle del Mantaro, en busca de su abuelo, que se familiarizó con las polleras.

Sí. Fui a buscar a mi abuelo porque se había peleado con mi papá, y allá descubrí que ya había muerto y que una calle llevaba su nombre. Llegué a Huancayo para la fiesta de Santiago (una de las más coloridas del país) y me encontré con todas esas polleras girando al ritmo de la música. ¡Fue demasiado! Y comencé a investigar sobre sus colores, usos, significados.

Hoy tiene un taller en Comas, otro en el Cercado y una tienda en Miraflores. ¿Cómo explica su crecimiento?

Ha sido a punta de perseverancia. Lo que me mueve a mí, es que aún falta dar a conocer muchas más cosas de nuestro país, ir a cada provincia y buscar y rebuscar qué hay. Por ejemplo, me han hecho un pedido: “Quiero una pollera con las Líneas de Nasca”. “No, Nasca es mucho más que eso. ¡Hay que indagar!”.

Destalle clave, pues mucho emprendedor suele únicamente replicar lo que otros hacen. Usted va por el camino opuesto: investiga.

Totalmente. Gran parte del éxito de Warmichic es la exclusividad de sus diseños, y eso implica trabajo. Unos podrán decir: “Ah, a dibujado una casita”. “¡No! Esa es la casa donde vivió mi abuela, y para dibujarla he tenido que ir y sacarle fotos desde diferente ángulos, estilizar ciertas cosas y empalmarlas con un paisaje”. Es todo un trabajo ¡y demora! No es copiar y pegar. ¡No me gusta! Me gusta indagar qué es lo que hay.

¿Se ha reencontrado con las chicas de su promoción? ¿Le dicen algo?

Creo que no lo recuerdan.

¿Guarda algún resentimiento?

¡Para nada! Es parte de la niñez. Fueron cosas que les fueron inculcadas, ellas no nacieron así.

Y precisamente su labor está colaborando a que no haya más niños con tanto prejuicio.

¡Por eso iniciamos la línea para niños! Para que desde entonces las vean y usen como si fuesen cualquier prenda normal.

Está claro: es una prenda para valientes.

Sí. Hace dos semanas un chico me compró una para su uso. ¡Un chico! Me encantó.

¿Un chico gay?

Sí, tiene un matrimonio y quiere ir así. Le he hecho fotos, se le ve muy varonil.

Hay que ser bien macho para atreverse a eso.

Hay que tener harta personalidad. Para mí fue un reto, y cuando se la puso y vi lo bacán que le quedó, me sentí orgullosísima de él…

Y de usted.

¡También! (ríe)…

 

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