Percy Azabache, Héroe del Callao

Los mendigos, quienes deambulan por las calles y también los niños y los ancianos que viven en albergues y asilos, tienen quien los escuche, quien con sus tijeras y carisma los pone lindos y les devuelve la alegría

Simplemente empezó. “Barrabás”, así llamaban a un indigente de su barrio, y le ofreció cortarle el pelo (ahí, en la acera). Percy Azabache sintió que debía continuar, desde entonces más estilistas se han sumado a su causa. Espejo Social, su organización, se ha ganado el cariño de los olvidados. En las calles del Centro es bien conocido. En el salón de belleza miraflorino donde labora, hacen cola para contar con su arte y disfrutar de su gracia.

DNI

Nombre:
Percy Alexis Azabache Rojas.
Edad:
27 años.
Distrito:
Callao.
Estudios:
Tres ciclos de Pedagogía en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático y estilista de la Pivot Point Perú.
Cargo:
Fundador de Espejo Social.
Misión:
Consolidar su propuesta, que más peluqueros la adopten y lleguen a hospitales, albergues, asilos, hospicios… en todo el país.
Para usted es normal recorrer el Centro de noche, mientras todos parten y va quedándose vacío. Es entonces cuando salen a flote los indigentes. Se les acerca, se sienta a su lado…

A conversar, a que me cuenten cómo están. También les cuento lo que me pasa, y como a la mayoría ya los conozco sé por dónde llevar la conversación. Algunos tienen hijos, les pregunto por ellos y puede pasar que se los han llevado; porque al encontrarlos en la calle, el Estado se los lleva a algún albergue. Suceden ese tipo de cosas…

Eso que hace -acercárseles- al común de personas le daría hasta miedo.

Lo normal es que no se les acerquen, que incluso se pasen a la otra vereda para no cruzarse con ellos; y yo que tengo contacto con ellos, jamás he sentido carga alguna de violencia o de mala onda. Más bien me reciben con cariño.

¿Por qué lo hace?

¡Porque me gusta! Por la satisfacción de un “gracias” real.

Mmm… No es solo por eso, ¿no? ¡Por qué!

¡Porque quiero que esto cambie! Porque alguien lo tenía que hacer; y si tengo que ser yo, ¿por qué no?

De niño, podía llegar del colegio y le abría la puerta un desconocido.

Sí (ríe)…

Su mamá encontraba a alguien con hambre y lo invitaba a comer.

Mi mamá se podía ir al mercado y demorar tres horas porque se ponía a conversar con todos; y ocurrió en varias ocasiones que con mi hermano llegábamos del colegio y: “Mamá, ¿quién es esa señora con esos niños?”. “Mi amiga del mercado. No tenía para cocinar y le dije que venga”.

Vivían en el asentamiento humano Mi Perú, en Ventanilla. No les sobraba el billete.

No nos sobraba, pero las ganas de ayudar siempre estuvieron; y no solo en mi mamá. Mi papá es chofer de combi, y cuando estábamos de vacaciones sus cobradores éramos mis hermanos y yo, y nos decía: “Oye, si en el paradero ves a alguien que no tiene para el pasaje, ¡súbelo!”.

Esa fue su escuela.

Esa fue mi escuela.

Así aprendió -además- a ser tan entrador.

¡De todas maneras! Uno tiene que tener sus recursos para todo.

Cuando se acerca a un indigente, a él más bien le podría preocupar su apariencia: pelo de colores, bigotes a lo Salvador Dalí, tatuado y con las uñas usualmente pintadas de negro.

Sí, pero es una con otra, ¿no? Además, lo que en realidad me hace diferente es el mismo hecho de acercarme a hablarles.

Eso es más fuerte.

¡Mucho más fuerte! El que me acerque, me siente a su lado, les dé la mano, conversemos. Me miran con cara de: “¿Qué haces acá? ¿Qué quieres?”. Les cuento qué quiero hacer, algunos me dicen que han escuchado de mí, y les corto el pelo en la calle.

¿Qué les da?

El corte de cabello es un gancho, porque el que converse con ellos es mucho más satisfactorio.

¿Qué recibe?

Monetariamente, nada. Un “gracias”. Siempre que por alguna razón vengo al Centro, me saludan. Son tantos que no recuerdo sus caras, pero se me acercan y dicen: “Tú me cortaste el pelo la otra vez, ¡cuándo vuelves!”.

“El corte de cabello es un gancho, creo que para ellos el que les converse es mucho más satisfactorio”

¿Qué se siente?

Se siente bien paja. La otra vez, mi mamá había venido de Estados Unidos (trabaja allá desde hace 9 años) y nos vinimos al Centro para algo, y de pronto me dice: “Se está acercando alguien, ¡se está acercando alguien!”. Volteo, lo veo y le digo: “Ah, es mi amigo de la calle”. “¿En serio?” (ríe)…

¿Cómo era ese amigo?

Una persona que no estaba con el mejor traje, cuyos zapatos no eran los más nuevos, ¡pero que sí estaba con un buen corte de cabello! (ríe más)…

Debe haber conocido historias terribles.

Historias que dices: “Pucha, mi problema es nada”. Porque todos tenemos problemas y es válido quejarse, pero ten la certeza de que hay personas que realmente la pasan mal.

Cuénteme un caso.

Una señora con la que comenzamos a conversar y le pregunté cómo había llegado a la calle, y me dijo que sus dos hijos y su esposo habían muerto en un accidente de tránsito. Sus dos únicos hijos; y la señora no pudo regresar a su casa. No quiere recordar a su familia, prefiere vivir en la calle. ¿Te imaginas? Yo estaba con dos amigas. Terminé de cortarle el pelo y nos fuimos callados, ninguno podía hablar.

Empezó hace cinco años, en Ventanilla…

¡Mi barrio!

El año pasado creó Espejo Social. ¿Por qué?

Porque así podemos llegar a lugares que pueden necesitar más ayuda. Así podemos entrar a hospitales, asilos, albergues, a hogares para personas abandonadas…

“Me dijo que sus dos hijos y su esposo habían muerto en un accidente de tránsito, y que no pudo regresar a su casa. No quiere recordar, prefiere vivir en la calle. ¿Te imaginas?”

Así se ha dado cuenta de que las historias brutales que encuentra en la calle también habitan entre esas cuatro paredes.

Hace poco una amiga me preguntó: “¿Qué es lo más difícil que te ha pasado haciendo Espejo Social? ¿La calle?”. “No, la calle no ha sido lo más difícil”. Fuimos a un albergue en Villa María del Triunfo, fue lo más chocante que nos ha tocado hacer.

¿Por qué?

No sabíamos adonde estábamos yendo, solo que era un albergue para niños. Cuando llegamos, no solo eran niños abandonados, sino con enfermedades. Niños que no pueden cambiarse solos, que no pueden bañarse ni comer. La mayoría vive postrado en la cama. No sabes lo fuerte que fue eso… Éramos un grupo que había ido a cortar, se nos habían unido unos extranjeros y ninguno estaba preparado. Cuando vi que todos estaban helados, los saqué del lugar un segundo; tenía que pensar en el siguiente paso.

¿Cuál fue?

Los miré y le dije: “En este momento, ustedes no son la prioridad. Su dolor, lo que esto les puede causar en el alma, ahorita no es la actriz de esta novela. Hemos venido a ayudar, así que nada de ponerse a llorar. Todos ¡a trabajar!”. Los despabilé a todos y para adentro; y su actitud fue otra.

¿Y cómo respondieron los niños?

¡Increíble! Un niño con síndrome de Down agarró a una de las chicas y la abrazaba, la besaba. ¡Estaba feliz! Los chicos que trabajan ahí nos comenzaron a contar la historia de cada uno, de cómo habían llegado: hay niños a los que no los visita absolutamente nadie, otros a los que ellos prácticamente los han adoptado como hijos…

Un mundo completamente opuesto a un salón de belleza, que es donde pasa la mayor parte del día.

Un salón de belleza en Miraflores, donde atiendo a personas que tienen la posibilidad de pagar por un buen corte de cabello…

A quienes también les escucha sus historias.

Y que también pueden tener algo de drama, aunque lo opuesto es bastante extremo.

¿Les habla de Espejo Social?

En un primer momento, no. ¡Ni mi familia sabía! Mi hermano mayor sí porque me vio. Él me dijo: “Deberías grabarlo, en Estados Unidos hay un broder que también hace eso y lo graba”. Y dos amigas me comenzaron a grabar.

¿Qué es la belleza?

¿Qué es la belleza? Lo primero que tenemos que entender es que -de una u otra manera- todas las personas son bellas, incluso en sus imperfecciones, porque te hacen único, diferente. El día que entendamos que ser diferente también es ser bello nos vamos a dejar de tonterías, vamos a dejar de estar viendo al del costado y creer que él sí es bonito y uno no.

Precisamente, en mayo organizó con Qarla Quispe un desfile de modas que llamaron: “¿Qué es la belleza?”; y tenía por respuesta: “Actitud”.

Es que la belleza es mostrarte y empoderarte, nada más.

Creérnosla.

¡Claro! Es válido que para los ojos de algunas personas no sea bonito, pero para otras personas y para mis ojos, sí lo soy.

Por eso sus modelos fueron una niña con síndrome de Down, una chica en silla de ruedas, otra albina, con sobrepeso, una señora de la tercera edad…

Nuestra propuesta esa mostrar modelos atípicos. El tema fue encontrarlos, porque, claro, yo tengo una amiga así, pero: ¿De verdad quiere modelar? ¿Le interesa que le tomen fotos y que un montón de gente la vaya a ver? Nos decían que no, que no era su onda… Hasta que -aunque tú no lo creas- comenzaron a aparecer solas. A varias las terminé conociendo el mismo día. Conversamos, se dieron cuenta de que no solo eran ellas, sino que cada una representaba a una comunidad. Se empoderaron, se hicieron amigas, fue una cosa bien paja.

“Hay gente que de verdad la está pasando mal ¡y nosotros con tonterías!”

Usted sabe escuchar, algo que no es requerido únicamente por indigentes u olvidados, sino por todos.

Todos lo necesitamos.

¿Y quién lo escucha a usted?

Yo mismo (ríe)…

Esa es la idea, ¿no? Que ante todo nosotros seamos los mejores amigos de nosotros mismos.

Uno mismo es quien tiene que darse el empujoncito. Hay que movernos, no podemos quedarnos sentados viendo cómo la vida pasa. Hay gente que de verdad la está pasando mal ¡y nosotros con tonterías!

En su escuela en Mi Perú, su maestra les decía: “El hecho de que hayan nacido pobres…”

“…no significa que vayan a morir pobres”. Sí, porque tenemos un montón de años para hacer las cosas diferentes. Nadie te pide que seas Bill Gates, pero sí que por lo menos cambies la situación en la que empezaste, superes el nivel de conocimientos de tus padres; y esa es chamba de uno, no del Gobierno. ¿Vas a vivir esperando que te den las cosas? Así no es. La gente que espera a que le den, se queda en lo mismo en lo que empezó. ¡Hay que lucharla!

Queremos conocer al Héroe de tu Barrio. Escríbenos a: contigo@enel.com

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