Leonid Lecca, Héroe de Carabayllo

Gracias a la organización que en el Perú el Dr. Leonid Lecca lidera, Carabayllo es un ejemplo para el mundo y un imán para estudiantes de medicina voluntarios que arriban para ayudar a sanar a enfermos de tuberculosis

El año pasado, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, vino al Perú y contó que, en Carabayllo, hace más de veinte años fundó una filial de Socios en Salud, su ONG. Descubrió casos de una tuberculosis (TBC) resistente al tratamiento usual y –contra viento y marea- le demostró a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que sus cálculos eran errados y que los países pobres también podían combatir con éxito ese mal. Desde entonces sus huellas son seguidas por decenas de voluntarios que llegan de EE.UU. a las zonas más pobres para curar. El Dr. Lecca encabeza esta misión que, además de salud, devuelve la esperanza.

DNI

Nombre:
Leonid Lecca García.
Edad:
41 años.
Distrito:
Carabayllo.
Estudios:
Médico epidemiólogo con formación en Salud Pública de la Universidad Cayetano Heredia con maestrías en Epidemiología Clínica y en Gerencia de Salud. Acaba de concluir el programa de Salud Global en la U. de Harvard.
Cargo:
Director de Socios en Salud.
Misión:
Acercar a los pobres a una atención en salud de la más alta calidad posible.
Lidera una tropa de héroes cuyo pionero fue Jack Roussin, sacerdote estadounidense que llegó a Carabayllo en 1994, trabajó con enfermos de TBC y terminó muriendo a causa de ese mal.

El padre Jack se preocupó mucho por la salud de su comunidad. En 1994, en Carabayllo no había servicios básicos, las limitaciones eran muchas y él pidió apoyo a unos estudiantes de Medicina de la Universidad de Harvard, a quienes conoció –años atrás- porque se quedaban a dormir en su capilla, en Boston (EE.UU.). Esos estudiantes eran los doctores Paul Farmer y Jim Yong Kim.

Y continuaron su obra.

Así es. Ya habían fundado Socios en Salud (en Boston), y realizaron el primer censo de salud en Carabayllo, salió que dos de los mayores problemas eran la malnutrición infantil y la TBC. Fue entonces que el padre enfermó, regresó a EE.UU. para curarse, pero la enfermedad se lo llevó; y ellos decidieron quedarse.

Pero las autoridades de Salud les prohibieron ver ciertos casos de TBC.

Era un tema mundial, en realidad, pues en países como el nuestro no había capacidad para hacer el diagnóstico de un tipo especial de TBC: la multidrogoresistente. Era caro, complejo, y se creía que en un país pobre era imposible tratar a un paciente, pues en EE.UU. los internaban 2 años, los aislaban y gastaban medio millón de dólares por paciente. O sea, esa TBC –aquí- era una sentencia de muerte.

Ambos se zurraron en la prohibición.

El Perú siempre ha tenido un programa de lucha contra la TBC muy bueno, pero en el caso de la ‘resistente’ no había capacidad para identificarla. ¿Qué hicieron? Tomaron las muestras y se las llevaron en sus bolsillos al Hospital de Boston, allá comprobaron qué tipo de TBC era (la ‘resistente’) y decidieron tratarla. ¿Cómo? Trajeron los medicamentos en sus bolsillos.

Se les advirtió: si trataban un solo caso, los expulsarían del país.

Hubo un momento de tensión.

Hoy, uno de esos rebeldes es el presidente del Banco Mundial.

Así es.

Gracias a ello, el 98 la OMS cambió su visión.

Claro. Entre 1996 y 1998 aquí trataron a los primeros 11 pacientes a través de un modelo de atención nunca antes aplicado en el mundo: el Modelo Comunitario de Atención, lo llamamos así porque los tratamos en sus casas. En EE.UU. los hospitalizaban, aquí no había dónde, así que nos atrevimos a tratarlos en la comunidad, con una red integrada por médicos, enfermeras, técnicos en enfermería y personas de la misma comunidad.

Los vecinos fueron sus aliados.

Ellos saben dónde están los niños huérfanos, los que no se alimentan, la madre maltratada, el que está tosiendo o botando sangre. Lo que no saben los puestos de salud, ¡ellos lo saben!

“Lo tenían amarrado, su columna estaba destruida, llevaba cuatro días sin beber agua”

En el mundo, de cada cien casos de TBC sanaba la mitad, con ustedes subieron a 85.

En ese entonces, de cien solo curaban a 20. Nosotros, de los primeros 11 casos que vimos, curamos a los 11. Así conseguimos más fondos (en EE.UU.) para atención y, el 99, la Fundación Bill & Belinda Gates nos dio US$40 millones.

Gracias a lo ocurrido en el Perú.

Claro. Despegó el tratamiento y se empezó a curar a muchos más (en el mundo); y el Estado reconoció nuestra labor. Aquí está la mayor tasa de pacientes curados que se ha reportado en el mundo.

Había otro problema: nadie daba empleo a los curados de TBC; y por eso les brindaron capacitación.

Sí. Nuestro modelo tiene 3 pilares: clínico, de soporte psicoemocional –para que no se depriman, porque el tratamiento es largo y muy fuerte- y el soporte socioeconómico. La mayoría de nuestros pacientes vivía en extrema pobreza, no podían tomar los medicamentos durante un año si tenían que trabajar, si estaban mal nutridos, si no tenían fuerzas, entonces añadimos el soporte socioeconómico, que incluye componentes nutricional, de vivienda –para que no contagien a sus familias-, económico…

O sea que no solo los curan, también los preparan para seguir adelante.

Tenemos el programa Generación de Ingresos: becas para carreras técnicas o manualidades para el paciente o su familia.

Así, la vida de un desahuciado da un vuelco total.

Hace unos meses, a raíz de otro proyecto llegamos a una casa para ver a un niñito, pero notamos que al fondo pasaba algo, un ruido. A la cuarta visita encontramos a la dueña de casa llorando. Resulta que al fondo tenía encerrado a su hijo, sobre cartones, gritando de dolor. Tenía 40 años, TBC, estaba desahuciado. En el puesto de salud no lo habían querido atender, así que estaban esperando su muerte… Lo tenían amarrado, su columna estaba destruida, llevaba cuatro días sin beber agua. ¡Esos son los casos que encontramos!

Ya no lo pudieron salvar.

¡Está en tratamiento! Cuando me contaron del caso, fui a verlo. Ya puede sentarse, come, incluso bromea. Es otro.

Si bien reciben financiamiento foráneo, les urge aporte local.

Se necesitan muchos más recursos. En el Cono Norte hay gente con capacidad adquisitiva que debería pensar que nuestra labor también le retorna, porque ¡cuántos trabajadores -que no viven en las mejores condiciones- están en riesgo de enfermar!

Siendo su labor tan ardua, ¿cómo entender que cada año haya tanto gringo que se apunta como voluntario?

Creo que es por la forma cómo trabajamos, y por nuestros resultados.

 

 

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