Jorge Mírez, Héroe de San Martín de Porres

El 2014 dos inventos suyos fueron puestos a prueba en una estación que simula la vida en Marte, en EE.UU. De chico, Jorge Mírez no ingresó a la UNI. Eso, en lugar de tumbarlo, lo empoderó

Nacido en Chota, Cajamarca, de padre maestro y madre enfermera, Jorge ha sido criado para trazarse, cumplir metas y, si ello le es adverso, trabajar el triple para –tarde o temprano- lograr su cometido. De origen humilde, ha conseguido lo que muy pocos amantes de las ciencias: integrar el grupo de estudiosos que en el desierto de Utah, EE.UU., ha convivido 14 días en un simulador de vida en Marte como parte de Mars Society, una asociación estadounidense que promueve la exploración del llamado Planeta Rojo. Ocurrió el 2014, y Jorge no lo hizo una, sino ¡dos veces! Hoy es una inspiración para aquellos chicos que –tras conocer su historia- han comenzado a ver los obstáculos como barreras realmente franqueables.

DNI

Nombre:
Jorge Luis Mírez Tarrillo.
Edad:
41 años.
Distrito:
San Martín de Porres.
Estudios:
Ingeniero mecánico electricista de la U. Pedro Ruiz Gallo con maestría en Física y candidato a PhD en ese mismo campo, ambos en la UNI.
Cargo:
Profesor de Matemática Aplicada en la maestría de Ingeniería de Petróleo, Gas y Petroquímica de la UNI.
Misión:
Promover y difundir en la juventud los favores de la ciencia y la tecnología.

¿Cuán frustrante fue no ingresar a la UNI?

Debo reconocer que, estando en quinto de secundaria, las matemáticas no eran de mi interés, pero se convirtieron en un reto tras haber resuelto mal un problema, causando incluso la risa de mis compañeros. En ese momento decidí estudiarlas seriamente. Cuatro meses después, junto con un amigo le dimos el cuarto puesto a nivel nacional a nuestro colegio. Pese a ello, no ingresé a la UNI, y recuerdo que dije: “Algún día voy a regresar”. Era abril del 92’, y 15 años después entré para estudiar la maestría en Física. Desde entonces estoy ligado a esta universidad.

De niño, su papá le hablaba de viajes espaciales, descubrimientos…

Mi papá era profesor rural en Chota, y a fines de los 60, tras pagarse una capacitación en Lima, coincidió con la llegada del hombre a la Luna, que vio en el televisor de una tienda en la Av. Abancay. ¡Ahí nació su interés! Y desde los 4 años me inculcó temas de ciencia y tecnología, me hablaba de viajes espaciales. Como era profesor, conocía técnicas para avivar mi imaginación…

Le habría encantado saber que lideró la tripulación en un simulador de vida en Marte.

¡Claro! (su papá falleció el 2007).

La oportunidad le llegó el 2014, siendo ya profesor de la UNI.

Un alumno me habló de ello. Había una serie de requisitos y el punto clave –para mí- fue el trabajo multidisciplinario, porque si bien mi especialidad es mecánica eléctrica, también he trabajado en hospitales –en Chota y en Lima- y he desarrollado actividades de ciencia y tecnología a través de la Asociación Chotana de Ciencias (que él preside).

Por eso lo seleccionaron.

Yo creo que sí.

¿Cómo fue eso? Partió a un desierto en EE.UU., con características similares a las del Planeta Rojo.

Es el mejor simulador que existe en el planeta, y pertenece a Mars Society, una asociación sin fines de lucro que trabaja con la NASA. Por tratarse de un desierto, había cambios bruscos de temperatura -podíamos pasar en un par de días de 42 grados a menos 5-, el viento podía correr tan fuerte que movía la estructura del habitáculo. Fue un privilegio ser parte de una de sus tripulaciones, realizar experimentos y reportarlos en publicaciones.

¿Qué se siente?

Mucha emoción y responsabilidad, porque hay un trabajo serio que hacer. Son catorce días –que quizás ya no se repitan- en los que tienes que hacer la mayor cantidad de experimentos, levantar información, salir al campo y ser el mejor observador posible, para que eso se reporte y sirva a la misma organización, e incluso a la agencia espacial.

“Muchos se creen el paradigma de que hay cosas que no pueden ser realizadas, como ser astronauta o ser parte de algo vinculado a la alta tecnología. Les digo que deben trazarse un camino, estudiar y romper ciertos parámetros de la sociedad peruana, porque todo es viable”

Usted no fue con las manos vacías, llegó con los prototipos de un par de inventos: una mochila ergonómica y una bicicleta-camilla.

Aquí hice los prototipos, el de la mochica, como debía ser metálica para que soporte diferentes equipos, lo llevé al Hospital Cayetano Heredia y me sugirieron unas modificaciones, ya en EE.UU. le hicimos el sistema de ventilación, los ductos hacia el casco, la compensación para que no se vaya a nublar el visor; lo llevamos al campo, lo probamos y resultó.

A consecuencia de ello, terminada su misión, lo invitaron a integrar una nueva tripulación.

Sí, porque los 14 días no fueron suficientes para terminar el proyecto de la bicicleta-camilla. Les llamó la atención, y la pusimos a prueba.

Hoy comparte su experiencia en diferentes foros, en Lima y provincias. ¿Cómo responden los jóvenes?

Muchos se creen el paradigma de que hay cosas que no pueden ser realizadas, como ser astronauta o ser parte de algo vinculado a la alta tecnología. Les digo que deben trazarse un camino, seguir los pasos adecuados, estudiar y romper ciertos parámetros de la sociedad peruana, porque todo es potencialmente viable. Hay chicos que se emocionan, algunos se mantienen en contacto, van avanzando y paso a paso se van acercando a lo que quieren ser.

¿Cuál es su mayor satisfacción?

Con todos los amigos que participamos en este engranaje para la difusión de la ciencia y la tecnología, decimos -después de cada conferencia, sea en Lima, en la UNI o en provincias- que basta con que un lucero se encienda para que haya valido la pena. Quizás no lo conozcamos, y que de acá a 15 años destaque…

¿Es consciente de que se ha convertido en un referente?

No creo haber hecho un aporte importante, aún.

Es hijo de padres -maestro y enfermera- de condición humilde, ha participado en una experiencia científica que han vivido solo pocos privilegiados en el mundo, y lo logró por mérito propio.

Sí, hay un mérito. Siempre estoy investigando, publicando, difundiendo, y cada vez que hay convocatorias interesantes, me presento. A veces salen. Trabajas duro y, de pronto, la vida te permite hacer una pasantía y partes para capacitarte y compartir y traer conocimientos.

Entonces, vale la pena ser un nerd.

También hay momentos de diversión, a veces somos muy muy vagos y nos damos un tiempo de relajo (ríe)…

 

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