Un dibujo vale más que mil palabras

Llegó a consejería el papá de un chico de 10 años. Cargado de dudas sobre su crianza, se preguntaba qué tan feliz sería su hijo.

Es activo, curioso, amiguero, pero con él conversa poco, en especial cuando lo llama por teléfono los días que no lo ve. Sí, está separado, aunque con su aún esposa se lleva bien. Es cortante con él -me contó-, le dice que está ocupado, que mejor hablan después.

Indagué sobre sus dudas y resultaron ser las que tiene el común de padres: ¿Lo estoy criando bien? ¿Tiene todo lo que necesita? ¿Cómo se sentirá respecto a la separación? Como también integra una consejería grupal que brindo a papás y mamás, y que varios de ellos se estaban haciendo las mismas preguntas, les pedí que la próxima sesión traigan un dibujo de su familia hecho por sus hijos.

Llegado el día, los colgaron en una cuerda que puse en el salón y empezamos… No tardaron en comenzar a ver a sus hijos como nunca antes lo habían hecho.

Conversamos sobre qué tan cercanos eran esos dibujos a la realidad de cada familia. Unas habían sido representadas con sus miembros apartados, otras sin color o coloreadas en exceso. Unos dibujos eran intensos, oscuros, otros presentaban borrones; uno incluso daba alguito de miedo. Les hice notar que es muy fácil interpretar erróneamente: ¿Si es un dibujo oscuro quiere decir que el niño está deprimido? Podría ser que en ese momento no tenía más colores a mano o que se sintiera desmotivado por alguna razón.

Se me acercó el papá que originó esto que les estoy compartiendo y puso frente a mí un mundo maravilloso, lleno de color y fantasía. “Señor, ¿cree que un niño que dibuja así es infeliz?”. Sonrió. Lo felicité, no solo por lo creativo y trome que es su hijo, sino porque ese dibujo trasmitía armonía. Los trazos, la vestimenta de cada uno, ¡el sol con rayos como relámpagos! Si bien son padres separados, lo que ahí se veía era una familia unida; hecho que él me confirmó al contarme que su hijo no se hace problemas en decirle a sus amigos que sus papás no viven juntos.

“Hoy he aprendido a sentir a mi hijo más allá de las palabras”, se sinceró. ¿Cuál es mi mensaje? Que hay que estar alertas pero también tranquilos, pues a criar aprendemos mientras ellos crecen; y, la perfección, ¡no existe!

 

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Lucero Calderón

Educadora especializada en armonizar a niños y adolescentes que suelen sacarle canas verdes a sus profesores, dirige el centro psicopedagógico Tangram. Es además la consultora familiar del programa “Bien por Casa”, que transmite TV Perú.

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