Cristhian Venero

Cristhian Venero lo sabe, sus muchachos y él no son precisamente la visita que todo cliente de Enel espera. Lo más probable -en realidad- es que no sean bien recibidos. Por eso, dependiendo del caso, cuando llaman a una puerta lo hacen con respaldo policial; y Sofía Alejandra, su princesa de 9 años, sabe por qué: “Mi papi se encarga de evitar que les roben energía”.

Como analista de Recuperación de Energía – I&N, Cristhian se maneja en dos frentes: en la oficina analiza el comportamiento de nuestros cientos de miles de clientes y detecta a los que podrían estar en falta. Ve su historial de consumo, realiza balances de energía según el rubro del negocio del cliente (y es que el hurto industrial es bastante común). Si identifica una irregularidad, la comunica a sus cuadrillas para que -en el campo- realicen una exhaustiva inspección -desde la acometida hasta el medidor- a fin de corroborar el hecho.

Son 45 técnicos y tres supervisores los que peinan los distritos. A su horario habitual se han incorporado inspecciones nocturnas y de madrugada, pues la experiencia les ha enseñado que no son pocos los actúan llegada la noche.

Es hasta aquí que Cristhian cumple una labor técnica, pues el siguiente paso es ir por el cliente para explicarle que manipular cables eléctricos es muy riesgoso si no se cuenta con los conocimientos e instrumentos adecuados; y, además, que lo que está haciendo está tipificado como hurto y tiene consecuencias legales.

Ingeniero electricista de profesión, en la cancha ha aprendido de psicología; también que cuando la situación pinta riesgosa, es mejor recurrir al apoyo policial. Hay intervenciones que han requerido de hasta una veintena de efectivos, como aquella de 2015, en Zapallal, Puente Piedra, donde hubo intento de agresión. “Estamos preparados y entrenados para enfrentar este tipo de situaciones”, precisa. Además, su labor y la de sus cuadrillas le es muy satisfactoria (el año pasado lograron recuperar 44 gigas de energía o, lo que es lo mismo aunque en soles: poco más de 15 millones).

“Me siento contento de realizar un trabajo para el que me he especializado y que no es solo un tema técnico, porque aprendo bastante al tratar con las personas, al hacerles entender el riesgo que están corriendo. Trato de concientizarlas porque -además- así estamos aportando un poquito a que nuestro país sea un poco más formal”.

De momento, señala, Sofía Alejandra quiere ser ingeniera como él, aunque también diseñadora y veterinaria. “Lo que quiero, es que sea una persona de bien; y la voy a apoyar en lo que realmente le guste”. No se diga más.

 

 

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